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En Efemerides

Hace ahora justo un año, todos nos vimos sorprendidos por una situación totalmente nueva y desconocida que modificaba nuestra forma de vida y, especialmente, nuestra manera de trabajar. Un año después, conviene hacer balance, analizar lo aprendido y tratar de aprovechar la experiencia para mejorar cuando se produzca la nueva vuelta a la normalidad.

En el plano laboral, el cambio provocado por la COVID-19, ha sido radical y tiene nombre propio: teletrabajo. En pocos días, reemplazamos un modelo laboral asentado durante décadas por otro totalmente diferente y que, curiosamente, algunas grandes empresas llevaban tiempo intentando implementar con escasísimos resultados. Nuevamente tuvo que ser la necesidad la que actuara como impulsora del cambio.
Todas las empresas, grandes, medianas y pequeñas, hicimos un esfuerzo sobrehumano para adaptarnos, en tiempo récord, de forma exitosa y sin merma de la productividad. Un año después, el modelo se ha consolidado, ha demostrado su eficiencia y parece destinado a perdurar en el tiempo, aunque quizás con algunas matizaciones.

Este cambio de paradigma laboral no sólo ha supuesto sustituir la oficina por el salón de casa y ya está, sino que supuso y sigue suponiendo, otras muchas consecuencias en la gestión del día a día de las empresas.
En primer lugar, obligó, de forma inmediata, a acelerar brutalmente los procesos de adaptación tecnológica de las empresas para dar cobertura al nuevo modelo. Pero más allá de ese primer impacto, con el devenir del tiempo hemos podido ver que este cambio afecta también a todos los parámetros del día a día de las empresas, ya que en todos ellos intervienen las personas: los procesos de formación, los procesos comerciales, la mejora de la experiencia de usuario, la planificación de las reuniones, el trabajo en equipo, la relación con clientes y empleados, etc.

De todo ello podemos sacar una parte muy positiva y es que nos ha obligado a ser creativos e innovadores en la búsqueda de soluciones, a salir de la zona de confort y a tener una visión más abierta y una capacidad de reacción mucho mayor. En definitiva, hemos hecho un master acelerado de gestión de empresas.

Por otro lado, y de forma específica para nuestro sector, la principal consecuencia que nos deja la pandemia es una situación de crisis económica con un aumento esperado de la morosidad, tanto de empresas como de particulares, de un volumen quizá sin precedentes próximos.

Un año después de su inicio, nos encontramos en un mercado dopado por las moratorias y los ERTEs que impide saber, a ciencia cierta, su magnitud, pero para el que debemos estar preparados para cuando la anestesia vaya dejando de hacer efecto.

Todos sabemos que, para nuestro sector, contrariamente a lo que intuitivamente se piensa, los momentos de crisis económica no son, por lo general, buenos, ya que si bien aumentan las cifras de impagados y deudas, el cobro de las mismas se hace más difícil y la rentabilidad disminuye.

Es en esta situación esperada, en la que podemos y debemos positivar y aprovechar el cambio de modelo laboral al que hemos hecho referencia, para afrontar mejor esa dificultad que nos añadirá la crisis. Si hemos visto que el modelo de teletrabajo no solo funciona en términos de productividad, sino que, en líneas generales produce empleados más felices al permitirles una mayor y mejor conciliación, y ha mejorado la relación trabajador/empresa, gestionémoslo y adaptémoslo a las circunstancias específicas de cada entidad, para conseguir aprovechar el mayor activo con el que contamos en cada compañía: las personas.

La pandemia nos ha dado una bonita posibilidad de poner en práctica el axioma de Richard Branson, fundador de Virgin, de que “si cuidas de tus empleados ellos cuidaran de tus clientes”.

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