Bajo el título “El tiempo se agota, ¿estamos preparados?: ¿Cómo serán los criterios para la selección de proveedores sostenibles? ¿Qué indicadores miden la sostenibilidad de una compañía?”, se desarrolló una interesantísima mesa de debate que fue moderada por Carlos Ruiz Cabrera, presidente de ANGECO.

La mesa contó con la participación de: Natalia Amiano, Responsable de Sostenibilidad y Gerente de la Fundación Fenie Energía; Andrea González, Subdirectora General de Spainsif; Angel Alloza, CEO de Corporate Excellence y Ramón Pueyo Viñuales, Partner, Head of Sustainability and Corporate Governance Services de KPMG.

Carlos Ruiz Cabrera inició la mesa de debate trasladando a los ponentes la pregunta de si la sostenibilidad se trataba actualmente de una exigencia por parte de los clientes y la importancia de la existencia de algún tipo de certificación oficial a modo de etiqueta sostenible.

La opinión de los ponentes al respecto fue que, lo ideal para que la sostenibilidad penetre realmente en el organigrama de la empresa, es no verla como una exigencia sino como una responsabilidad. Actualmente no existe una certificación como tal, aunque se está intentando crear una etiqueta de productos financieros sostenibles, cuyo rol sea el de facilitar la toma de decisiones reduciendo los costes, pero aún queda mucho camino por recorrer para llegar al objetivo final: integrar los criterios ESG en el sector productivo.

Las grandes empresas pueden aportar desde dos ángulos, el de la comunicación y el de la responsabilidad. Deben realizar una labor didáctica ayudando a los proveedores a avanzar en esa sostenibilidad.

Sin embargo, los ponentes recalcaron que ser sostenible no es fácil, ya que requiere hacer cosas y cambiar y, además, no siempre está claro cómo hacerlo ya que las expectativas informales la convierten en una materia compleja.

Ante el posible riesgo de que debido a esa complejidad las empresas se queden atrás, el presidente de ANGECO lanzó a los ponentes el reto de dar algunos consejos para avanzar en el campo de la sostenibilidad. La suma de las intervenciones al respecto de todos los ponentes pusieron sobre la mesa lo que podríamos llamar la “teoría de las 6 Cs”:

  1. Convicción: es imprescindible querer ser sostenible para poder serlo.
  2. Coacción: mediante los elementos regulatorios necesarios.
  3. Conveniencia: que existan incentivos para ser sostenible.
  4. Conocimiento: formalizar la convicción con objetivos claros.
  5. Certezas: fortalecer la convicción con evidencias que la refuercen.
  6. Calma: actualmente, el 90% de las obligaciones regulatorias se refieren solo a la transparencia.

A continuación, Carlos Ruiz Cabrera introdujo otro elemento de debate al hablar del riesgo del conocido como Greenwashing o Ecoblanqueo y de si se trataba de una tendencia natural que estaban siguiendo las empresas. En este sentido, los ponentes destacaron que, quizá, el consumidor final sea la parte más vulnerable y fácil de engañar, siendo mucho más difícil por el lado de los inversores, ya que sus decisiones son más pausadas y cuentan con más información.

En cualquier caso, si bien en el pasado pudo ser una tendencia que funcionaba, hoy en día el riesgo reputacional, si los stakeholders detectan prácticas de greenwashing por parte de una empresa, es tan grave y dañino que no merece la pena. Aunque no hay establecidos mecanismos concretos para detectarlo ni penalizaciones por hacerlo, puede salir mucho más caro que llevar a cabo procesos sostenibles reales.

Por último, se introdujo el tema del coste de ser sostenibles y si podía ser una barrera para las empresas. El consenso de los ponentes fue que hay cuestiones de sostenibilidad que son trasladables al precio del producto, con lo cual no tienen problema de costes y con respecto a las que no son trasladables al precio las empresas, deben tener en cuenta que no todo debe regirse por criterios financieros, ya que probablemente sea mayor el coste de no ser sostenible debido, por ejemplo, al posible castigo por parte de los consumidores o a la mayor dificultad para acceder a financiación y hacerlo de manera más cara.

La conclusión final es que la sostenibilidad se ha convertido en una cuestión estratégica e ineludible que deben abordar las empresas.

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